Originalmente diseñado como un brazalete audaz y de gran tamaño, esta pieza encontró su verdadero propósito como manguito decorativo para cortinas, aportando un toque de elegancia vintage a cualquier espacio.
Fundido en resina y terminado a mano, la superficie se recubrió primero con un color negro intenso, para luego limpiarla cuidadosamente y así que el pigmento se asentara en los detalles más profundos. Sobre las zonas elevadas se aplicó una ligera capa de pintura dorada, lo que creó un efecto metálico rico y envejecido que resalta los intrincados diseños.
El resultado es un acabado cálido de inspiración antigua, con un fuerte contraste: oscuro en las zonas más profundas y con un brillo suave en los puntos más elevados. Al aplicarse sobre la tela, aporta estructura, textura y un toque sutil sin abrumar la habitación.
Un ejemplo perfecto de dejar que el material haga su trabajo. Y un feliz accidente guía el diseño final.