El 67 se erguía solo en el claro, con sus ramas retorcidas extendiéndose como brazos esqueléticos, alcanzando hacia el cielo como si intentara arañar las estrellas. Su corteza era oscura, casi negra, y estaba llena de grietas profundas que parecían susurrar cuando el viento pasaba a través de ellas. Las raíces sobresalían de la tierra como venas antiguas, envolviendo rocas y h