Cuenta la leyenda que, en tiempos antiguos,
la montaña observó al caballo resistir tormentas, frío y soledad
sin retroceder jamás.
Impresionada por su fuerza y su voluntad,
la montaña decidió conservar su espíritu,
fundiendo su forma con la piedra.
Con el paso del tiempo, el caballo no desapareció:
quedó atrapado en la roca,
esperando el momento de volver a alzarse.
Esta obra representa ese instante:
cuando la piedra comienza a ceder
y la fuerza que duerme en su interior despierta de nuevo.